sábado, 30 de septiembre de 2017

El niño de la favela encuentra al Principito


                           El niño de la favela encuentra al Principito

      Amanecía otro día de desamparo para  Malcon, el niño descalzo que peregrinaba entre las endebles casas de adobe y chapa, para encontrar algo de comer y calmar las punzadas de su demacrado cuerpo.  Rebuscaba entre  montículos de basura bajo un sol despiadado que parecía querer incinerarla. Al no encontrar nada decidió acercarse a la escuela de la barriada, cuyo tejado rojizo,  único punto de color en el horizonte, ejercía su peculiar llamada. Las destartaladas aulas estaban abandonadas. Ya no venían los profesores, pero con frecuencia aparecía por allí una mujer bien vestida, de cara afable, el pelo blanco anudado en la nuca, que contaba cuentos a los niños. Esa mañana, Malcon le hizo muchas preguntas a la señora  y de la misma forma que le sucedía al protagonista del cuento que acababa de oír,  descubrió en las respuestas, que las personas que trabajaban y vivían sin penurias, no entendían nada, no veían lo importante, porque solo miraban con los ojos, pero se dio cuenta de que ella sí miraba con el corazón. Era la única que ponía  flores en la ventana y las regaba con palabras, la que animaba y consolaba a los pequeños con su sonrisa. La que les llevaba panecillos de miga blanca y algún dulce cuando podía. Al marcharse, Malcon se quedó triste, aunque después contempló sonriente el cielo y de noche escuchó los cascabeles de las estrellas.

                                                                          Lana Pradera